lunes, 2 de enero de 2012
Él va y abre los ojos. Claro, el capullo, no sabe nada. Así que los abre. Y mira hacia arriba. No hay nada. Ni siquiera un cielo. Solo Negro. En cambio a su alrededor hay arboles que parecen iluminados. Pero la luz no viene de ninguna parte. Y él se pregunta: ¿serán abetos?, ¿serán pinos?. Y piensa que ojalá fuesen sauces. Los sauces le gustan. Y toca uno de ellos. Quiere tocar la madera. Pero un momento un poco más allá podemos ver algo. Ah, sí, se trata de un pequeño lago y un pez ha saltado, eso es lo que nos ha llamado la atención. El hijo de puta, se gira y comienza a andar hacia el lago. Mientras va tocandose las manos. Hace algo de frío, y se las frota. Sobre el algo hay una pequeña neblina probablmente del calor que desprende el agua en la fría ¿mañana?, ¿noche?. Y lo que el hace es desprenderse de su ropa y entrar poco a poco en el agua. Hasta que desaparece en ella. se zambuyendose en su interior rodeandose de ella. Rodeandose de su esencia. De su tacto, de su olor.
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