Es como estar atado a las vías del tren. Sabes que viene, que se acerca, oyes el sonido de la maquinaria, que hace que las ruedas giren, como si d eun reloj se tratase. Como si tratase de decirte a cada revolución el tiempo que te queda. Tratas de zafarte, e incluso gritas, aunque, claro, sabes que no podrás escapar. Pero aún así lo intentas. Lo intentas una y otra vez. Pero no hay solución. A no ser que alguien extienda sus manos, y te desate. Y ahí es donde deberia de intervenir ella. El último engranaje que movera mi maquinaria, y que hará que mis manecillas sigan girando.
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